El pajarillo
Era un día de lluvia, con viento racheado, de esos en los que apetece estar en casa. El niño llegó del colegio con su cartera y su madre le dijo que había visto un pajarillo en la azotea que no podía volar.Fue a la azotea y lo vio allí, indefenso, asustado... Debe de ser por culpa de la lluvia, dijo su madre. Podemos darle unas migas de pan, comentó el niño.
Durante el rato que estuvieron comiendo el niño no podía dejar de pensar en el pobre pajarillo y se levantaba para ver si había logrado levantar el vuelo.
Llegó la hora de irse al colegio de nuevo y el niño echó un último vistazo al pajarillo, que seguía sin poder volar.
Cuando regresó del colegio fue a la azotea para verlo pero no estaba. Había volado. Su madre le dijo que poco después de que se fuera él, había logrado levantar el vuelo. Una sensación de tristeza mezclada con alegría invadió al niño. Por un lado no volvería a ver al pajarillo pero por otro lado se alegraba de que pudiese haber vuelto a su nido.
El cielo se cerró, el día se volvió noche y la lluvia empezó a caer con fuerza. Los rayos y los truenos se sucedían en aquella tarde de verano que había empezado de manera apacible. Los árboles aguantaban a duras penas los embates del viento.
Miré el reloj y vi que faltaban tan solo unos minutos. Por más que lo miraba el tiempo no pasaba. La última hora había sido eterna. Los segundos caían uno a uno, lentamente...
Me preparo para la cita diaria. No es una cita cualquiera sino una cita con ella.